miércoles, 26 de septiembre de 2012

¿Que has pedido?

Bueno es Jehová a los que en él esperan, al alma que le busca. Bueno es esperar en silencio la salvación de Jehová. Lam. 3: 25, 26.
El Señor quiere que pidamos para que podamos recibir. Hay mensajeros celestiales que esperan una petición sincera para acercarse al alma hambrienta y sedienta. Busquen a Dios, entonces, con toda el alma. Esperen en el Señor. Los mensajeros celestiales se vaciarán a sí mismos por medio de los tubos de oro en los recipientes de oro para iluminar a los demás. Si piden creyendo, recibirán. Nunca, nunca se priven del aceite dorado porque de esa manera conservarán sus lámparas encendidas.
Crean que van a recibir las cosas que piden y las tendrán. Acudan con corazón humilde, pero invoquen la promesa. Entonces crean que van a recibir. El nombre supremo de nuestro Salvador es nuestra seguridad y la razón de nuestra osadía. Dios se nos presenta como quien escucha las oraciones. Mantengan buenas relaciones con Dios, para que puedan tener el testimonio del Espíritu de que se cuentan entre los elegidos y fieles, en quienes él confía.
Nunca permitan que Satanás los desanime. No se pongan en las manos de M , sino en las de Dios. Oren; cultiven la humildad y la mansedumbre; encomienden el cuidado del alma a Dios. Dependan del Espíritu Santo en todo cuanto hagan, pues él es nuestra fuerza y nuestra eficiencia. El Señor siempre nos está preparando por medio de las dificultades: Oren, oren, manténgase siempre en condición de orar. Encomienden todo a Dios en oración: preocupaciones de trabajo, desengaños, gozos y temores.
Haga esto, N , y tendrá la sensación de estar ante la presencia de Dios, y la gratitud fluirá de su corazón y de sus labios por medio de la alabanza. Su corazón se enternecerá y con él entonará melodías para Dios. . .
Mantengan una norma elevada. No se dediquen a conversaciones vanas; en cambio, expresen sus almas el amor de Jesús por medio de sus labios.
Seamos siempre sobrios y reverentes en nuestra relación con la Palabra de Dios. Hay consecuencias eternas implicadas en el uso adecuado de los talentos del lenguaje, la voz y todo don que se nos haya dado para que lo ejerzamos y lo mejoremos. Nuestro lenguaje debe ser puro, nuestra conducta debe ser santa, para que nos podamos acercar a Dios y él se pueda acercar a nosotros (Carta 166, del 14 de enero de 1897, dirigida a una pareja de obreros).

Instrumentos del Cielo

Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables. 1 Ped. 3: 8.
Cuánta necesidad hay de cultivar la ternura y la gentileza. Nadie debería avergonzarse por manifestar un espíritu tierno y compasivo con los que yerran; porque los que piensan que no cometen errores están muy lejos de no tener falta alguna delante de Dios. Nadie piense que al manifestar compasión está haciendo algo de lo cual se debería avergonzar. . .
Cuando sobreviene una crisis en la vida de un alma, y alguien intenta aconsejarla, ese consejo sólo tendrá el peso de la influencia para bien que pueda ejercer el ejemplo del consejero. Es la vida consecuente, la revelación de un interés sincero y cristiano por las almas en peligro, lo que le dará eficacia al consejo para persuadir y lograr que dicha alma retorne a la senda segura. Los que se apresuran a censurar a los demás, los que pronuncian palabras que cortan y maltratan al alma herida, están haciendo la obra de Satanás y cooperan con el príncipe de las tinieblas. . .
Recuerden las almas tentadas y probadas que cuando cae sobre ellas el castigo, se debe a que el Señor los quiere salvar de la muerte. Recuerden las almas que son reprendidas que "yo reprendo y castigo a todos los que amo" (Apoc. 3: 19).
El instrumento humano, imbuido del Espíritu de Cristo, velará por las almas como quien tiene que dar cuenta. Estamos a las órdenes de Cristo y debemos comprender cuál es nuestro deber y cumplirlo en el temor a Dios, con la mira puesta en su gloria, y no ser infieles. No alberguemos pensamientos egoístas ni sentimientos que silencien nuestros labios. Hablen sin temor. Con el corazón lleno de ternura y amor por las almas, adviertan, exhorten y supliquen.
No dejen de trabajar por las almas mientras haya un rayo de esperanza. Hay palabras que pueden herir el corazón. ¡Oh! Sean cuidadosos entonces, y revístanse del amor y la ternura de Jesús. El amor y la simpatía deben suavizar el tono de la voz. . . Así como tratan a los demás, así como juzgan a otros, así los tratará y juzgará el Señor. Quien pretenda ser hijo de Dios debe poner en práctica las lecciones de Cristo. Si cree que tiene que herir, siéntase obligado a curar también. Siempre hay que comunicar la verdad con amor, con el Espíritu de Cristo en el alma (Carta 70, del 13 de enero de 1894, para los "queridos hermanos dirigentes de la Review and Herald").

No nos Durmamos en Medio de la Tarea

Hijo de hombre, yo te he puesto por atalaya a la casa de Israel; oirás, pues, tú la palabra de mi boca, y los amonestarás de mi parte. Eze. 3: 17.
Dios tiene un deber para cada uno de ustedes. No quiere que sean sólo fieles centinelas, sino obreros a carta cabal. Nunca pierdan el interés, nunca sean descuidados e inactivos, nunca se duerman en su puesto, y nunca dejen de cumplir exactamente sus deberes de acuerdo con el cargo que se les ha confiado.
Se necesita agilidad, rapidez, ferviente energía, profundo interés y una fidelidad inquebrantable. Tienen que aprender a levantarse rápidamente para cumplir su deber en cuanto les llegue la intimación. Por cuánto tiempo se nos permitirá que trabajemos, no lo sabemos. Es un secreto de Dios y, debido a un sabio propósito suyo, no lo ha revelado. Pero mientras tengamos que trabajar, empleemos el tiempo como quienes tenemos que dar cuenta. Pensemos con seriedad, teniendo en vista la eternidad, cuánto hay que hacer en este mundo para despertar las mentes de los descuidados, desatentos e ignorantes, para que lleguen a conocer las leyes de Dios y sientan la necesidad de obedecerlas para su propio bien y para la gloria del Señor. Porque la transgresión produce no sólo mucho sufrimiento, sino pérdida de vidas en este mundo y la pérdida de la vida eterna en el venidero. Tienen que considerar detenidamente este asunto y comprender en qué medida la felicidad y la desgracia de los hombres y las mujeres dependen de ustedes.
La fidelidad de parte de ustedes puede salvar muchas almas, mientras que la negligencia y el descuido pueden significar la pérdida de la vida presente y futura para nuestros semejantes. Pueden impedir mucha miseria y transgresión de la ley de Dios mediante su fidelidad, al permanecer despiertos en su puesto. Debemos levantarnos como un solo hombre y, con el poder y la fortaleza de Dios, abrir nuestros sentidos a las demandas de los tiempos actuales. . .
Clamemos a Dios con fe, para que derrame su luz y su gracia por medio de los canales que ha señalado para el bien de los que están sufriendo por falta de conocimiento. Mientras oran y se mantienen despiertos, con ferviente diligencia, para suprimir males y permanecer en guardia contra la disipación y los errores que están de moda, aférrense con fe viviente a la fortaleza que pueden recibir y que va a bendecir todas sus labores (Carta 4 a, del 12 de enero de 1879, para dos jóvenes médicos del Sanatorio de Battle Creek).

martes, 25 de septiembre de 2012

Todo lo que Necesitamos


Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. Sant. 1: 5.
Si hemos de ser colaboradores con Dios, debemos tener comunión directa con él; debemos solicitar su dirección en todo lo que emprendamos. . . Pero cuán pocos saben lo que significa tener comunión con Dios. Con cuánta facilidad depositan algunos la responsabilidad de sus deberes en los demás, y les piden que les digan lo que tienen que hacer. A ellos les decimos: "Tenéis que conocer vuestros deberes por indicación directa de Dios". Muchos han dependido de tal manera de sus semejantes que no tienen una experiencia personal. Se dejan arrastrar como un bote por un navío.
Todos deben ver y comprender por sí mismos cuáles son sus deberes, después de solicitar sabiduría a Dios. A él solamente se le puede encomendar la protección del alma. Si acuden a Dios con fe, les revelará personalmente sus misterios. Se pueden sentar en lugares celestiales con Cristo. Podemos comprender individualmente cuál es la voluntad de Dios. Podemos saber por nosotros mismos qué quiere que hagamos. Porque nos dirigirá si nos disponemos a consagrarnos y a ser humildes de corazón delante de él. A menudo nuestros corazones arderán dentro de nosotros cuando Alguien se acerque para comulgar con nosotros como lo hizo con Enoc. "¿Quién es ése que oscurece el consejo con palabras sin sabiduría?" (Job 38: 2). Necesitamos al que es la luz verdadera que alumbra a todo hombre que viene a este mundo.
Se debe hacer una obra que se ha descuidado inexplicablemente. Debemos dar testimonio de la luz. Podemos hacerlo, bajo la dirección del Espíritu Santo, mediante un lenguaje puro, refinado, sencillo y claro como la corriente cristalina. Muchas nubes y tinieblas se agolpan sobre nosotros. Sometan a Dios su yo, ese yo de cada cual, para que puedan ser purificados, limpiados y santificados, a fin de que reciban el poder de difundir luz en medio de las tinieblas de un mundo que ama el pecado.
El Espíritu Santo colabora con los instrumentos humanos que lo reconocen y cooperan con él, a fin de presentar a Cristo como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. ¿No sufrió Jesús acaso por la redención del mundo? (Carta 55, del 11 de enero de 1897, a "Mis hermanos que se van a reunir en el congreso de la Asociación General"), 

El Antidoto de la Ápatia


Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego. Rom. 1: 16.
No hay defecto en el plan de Dios para salvar a los hombres. Si el Evangelio no es poder de Dios para la salvación de cada alma, no se debe a que haya fallado, sino a que los hombres no creen ni reciben en forma práctica la justicia de Cristo. . . Los profesos creyentes no consideran a Cristo su Salvador personal, sino que lo siguen a bastante distancia. Una de las razones de esta carencia de religión personal consiste en que no han sido educados en estos principios vitales.
Otra causa de la apatía y la indiferencia que se manifiesta en nuestras iglesias consiste en que los jóvenes no han sido enseñados con paciencia y perseverancia en cuanto a cómo trabajar como fieles soldados en el ejército de Cristo. . .
Muchos han aceptado la verdad sin cavar profundamente para comprender sus principios fundamentales, y cuando tienen que hacer frente a la oposición se olvidan de los argumentos y las evidencias que les debieran servir de apoyo. En todos debiera grabarse la verdad de que un conocimiento bien cimentado se puede obtener sólo mediante ferviente esfuerzo y energía perseverante. Si las mentes de la gente se sometieran a la disciplina por medio de un cabal escudriñamiento de las Escrituras, habría cientos de conversos a la verdad donde actualmente hay sólo uno. . .
Muchos son tan ignorantes como los mismos paganos con respecto a cómo puede un pecador acudir a Dios y ser justificado. Su ignorancia no tiene excusa, porque el oráculo inspirado afirma: "La exposición de tus palabras alumbra; hace entender a los simples" (Sal. 119: 130). "El temor de Jehová es el principio de la sabiduría" (Prov. 9: 10).
Una experiencia religiosa que no se funda en Cristo y sólo en él, no vale nada. . . Los hombres de gran capacidad intelectual necesitan una presentación clara y bíblica del plan de salvación. Presénteseles la verdad en su sencillez y con su poder. Si esto no les llama la atención ni despierta su interés, nunca se interesarán en las cosas celestiales y divinas. En toda congregación hay almas insatisfechas. Cada sábado necesitan escuchar algo definido acerca de cómo pueden ser salvos y cómo pueden llegar a ser cristianos. Lo más importante que quieren saber es: ¿Cómo puede el pecador justificarse delante de Dios? (Carta 23 a, del 10 de enero de 1893, dirigida al Hno. E. H. Gates).

La Hermosa Tunica


Despierta, despierta, vístete de poder, oh Sion; vístete tu ropa hermosa, oh Jerusalén, ciudad santa. Isa. 52: 1 .
Durante la noche pasé por una experiencia similar a la que había tenido en Salamanca, Nueva York, dos años atrás. Cuando desperté después de dormir un poco, me pareció que estaba rodeada de luz y que la habitación estaba llena de ángeles celestiales. El Espíritu de Dios descendió sobre mí, y mi corazón rebozaba. ¡Oh, cuánto amor ardía en mi corazón! Exclamé en alta voz: "Señor Jesús, te amo; tú sabes que te amo. Mi Padre celestial, te alabo con todo mi corazón. ' De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna' (Juan 3: 16). 'Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto' (Prov. 4: 18). Jesús, mi Redentor, representante del Padre, en ti confío".
Mi paz era como un río. Me pareció que estaba muy junto a Dios, en dulce comunión con él tanto durante mis horas de vigilia como de sueño. Qué grandes y santos privilegios me parecía poseer en el amor de Jesús, en su vida y bajo su protección. . .
¡Oh, por qué no se levanta la iglesia de Cristo, y se viste de su hermosa túnica! ¿Por qué no resplandece? La razón más importante que explica esa debilidad en la cristiandad es que los que pretenden creer la verdad conocen tan poco a Cristo, y tienen tan poco aprecio por lo que él puede ser para ellos y por lo que ellos pueden ser para él. Tenemos las más solemnes y estupendas verdades que jamás se hayan confiado a los mortales.
Si nuestras palabras, nuestros pensamientos y nuestras acciones fueran más puros y elevados, de acuerdo con la santa fe que profesamos, veríamos nuestras responsabilidades desde un punto de vista muy diferente. ¡Cuán solemnes y sagradas nos parecerían! Tendríamos un profundo sentido de nuestras obligaciones, y sería nuestra meta constante perfeccionar la santidad en el temor de Dios. Las cosas terrenales y temporales estarían subordinadas a las celestiales y eternas. . .
Estoy tan agradecida por el privilegio de relacionarme con Dios de alguna manera. Me siento sumamente honrada. Todo lo que pido al Señor en su gran misericordia, amor y bondad es que me dé fuerza para usarla en su servicio (Carta 20 a, del 9 de enero de 1893, dirigida al capitán C. Eldridge). 

La Humildad Cristiana


Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones. Sant. 4: 8.
El Señor tiene mucha paciencia con los hombres, y cuando manifiestan la determinación de seguir su propio juicio, les permite que lo hagan. Se me mostró la debilidad y la ignorancia del hombre caído, aun en su mejor condición. A medida que el hombre profundiza su estudio, para conocer mejor la voluntad y los caminos del Señor, percibe con más claridad su propia ignorancia, con lo que pone de manifiesto que está progresando.
Cuanto más cerca vive el cristiano de Dios, más luz divina penetra en su mente. Tiene más conciencia de su propia pequeñez, discierne sus defectos de carácter y ve sus obligaciones tal como Dios se las presenta. Cuanto más cerca esté de Jesús, más clara y nítida será la impresión de sus propios defectos, que antes ni siquiera percibía, y entonces verá la necesidad de humillarse a sí mismo bajo la poderosa mano de Dios. Si se eleva, no será porque él mismo se está elevando, sino porque el Señor lo exalta. Con sus ojos fijos en la pureza y la perfección de Cristo Jesús, al reconocer y obedecer a Dios en todos sus caminos, no estará ciego a sus propias faltas e imperfecciones. Aunque su conducta a los ojos de los hombres sea sin tacha e irreprochable, Dios lee las intenciones y los propósitos del corazón. 
La humildad cristiana es un don maravilloso, un antídoto eficaz contra la apostasía de Satanás, que está lleno de ambición impía y de todo engaño que puede idear. La gracia de la humildad otorgada por medio de Cristo Jesús, inducirá al hombre imperfecto a descubrir sus imperfecciones, y a prepararlo para participar de la herencia de los santos, donde Dios es todo y está en todo. . .
¿No ha reprobado el Señor su conducta?. . . Se le han confiado dones que pueden mejorar muchísimo y resultar eficaces bajo la disciplina de Dios. Entonces su justicia irá delante de usted, y la gloria del Señor será su retaguardia. "Separados de mí -dice Cristo-, nada podéis hacer" (Juan 15: 5). Si rechaza su consejo, entonces estará en peligro (Carta 21, del 8 de enero de 1892).

Apreciemos las Promesas


No sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino como siervos de Cristo, de corazón haciendo la voluntad de Dios; sirviendo de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres. Efe. 6: 6, 7.
Esforcémonos constantemente al realizar la obra de nuestra vida para responder a la oración de Cristo de que permanezcamos unidos los unos con los otros y con él. Procuremos siempre hacernos la pregunta a nosotros mismos antes de formularla: "¿Le agradará esto a mi Señor? ¿Está en armonía con la voluntad de Dios?" La conciencia de que estamos incorporando la vida de Cristo a la experiencia diaria, le dará una sagrada dignidad a los deberes cotidianos. Todo lo que hagamos con lealtad, honrará al Maestro. De este modo mostraremos al mundo lo que los cristianos pueden hacer en favor de los pecaminosos seres humanos, al ayudarles a aumentar constantemente la eficiencia en el servicio en sus vidas y preparándolos para una vida más plena en el mundo venidero (Manuscrito 1, del 7 de enero de 1903, "Un llamamiento").
Alabo al Señor. Esta mañana dormí hasta las cuatro. Pero no me desperté como otras veces. Fue una bendición para mí, de la cual estoy agradecida. He llevado una carga muy grande al considerar la condición espiritual del pueblo de Dios, que se encuentra muy por debajo de sus privilegios. Permanecí despierta rogándole a mi Salvador celestial que venga en nuestra ayuda y suscite heraldos que traigan un mensaje adecuado. "Tu palabra es verdad" (Juan 17: 17). Anhelo fortaleza y poder físico para que de la abundancia del corazón impulsado por el Espíritu Santo pueda hablar la boca.
A menudo en las visiones de la noche hablo a grandes grupos y con vehementes llamamientos insto constantemente a la gente que está delante de mí: "Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria" (Col. 3: 1-4).
¡Qué rica promesa se nos presenta! Demostremos entonces que la apreciamos y trabajemos con miras a estar llenos de fervor y a sentirnos agradecidos por esa seguridad. Nos beneficiará, y beneficiará a todos aquellos con quienes nos asociamos, si en nuestras labores públicas se ve que estamos buscando las cosas de arriba (Diario, Manuscrito 173, del 7 de enero de 1905).

El Conflicto ha Terminado


Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido. Mat. 5: 18.
Cuando Cristo inició su campaña, Satanás le salió al encuentro y le disputó cada centímetro de terreno, ejerciendo al máximo su poder para vencerlo. Muchas cosas estaban implicadas en ese conflicto. Intereses vitales estaban en juego. Los interrogantes que había que responder eran: "¿Es imperfecta la ley de Dios y es necesario enmendarla o abrogarla? O, en cambio, ¿es inmutable? ¿Es estable el gobierno de Dios, o necesita algunas rectificaciones?" No sólo en presencia de los que vivían en la ciudad de Dios había que responder a esas preguntas, sino ante los habitantes de todo el universo celestial. . .
Desde el pesebre hasta la cruz Satanás persiguió al Hijo de Dios. Las tentaciones se acumularon sobre él como una tempestad. Pero cuanto más fiero era el conflicto más se familiarizaba con las tentaciones que asedian a los hombres, y más preparado estaba para socorrer a los tentados.
La dureza de la prueba por la cual tuvo que pasar Cristo guardaba proporción con el objeto que había que ganar o perder mediante su éxito o su fracaso. No estaba en juego sólo el interés de un mundo. Este planeta era el campo de batalla, pero todos los mundos que Dios ha creado se verían afectados por el resultado del conflicto... Satanás trató de causar la impresión de que estaba trabajando por la libertad del universo. Incluso cuando Cristo estaba en la cruz, el enemigo decidió imprimir a sus argumentos tal alteración, tanto engaño, un carácter tan insidioso, que todos se convencieran de que la ley de Dios es tiránica. El mismo trazó todo plan, ideó todo mal, encendió toda mente para causar aflicción a Cristo. El mismo instigó las falsas acusaciones que se lanzaron contra Aquel que sólo había obrado el bien. El mismo inspiró los crueles actos que añadieron sufrimientos al puro, santo e inocente Hijo de Dios.
Mediante su conducta Satanás forjó una cadena con la cual él mismo será encadenado. El universo celestial será testigo de cuán justo es Dios al castigarlo. El cielo mismo vio lo que hubiera llegado a ser, si Satanás hubiera estado en él. . .
No sólo en las mentes de unas pocas criaturas finitas que habitan este mundo, sino en las de todos los habitantes del universo celestial, ha quedado establecida la inmutabilidad de la ley de Dios. . . A una voz alaban a Dios por su justicia, misericordia, abnegación y equidad (Manuscrito 1, del 6 de enero de 1902 "La justicia de Dios").

Dios Me Ve


Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta. Heb. 4: 13
El triunfo de la verdad es posible solamente cuando los obreros llevan consigo conscientemente la permanente presencia de Dios. Deben comprender que cada palabra, cada transacción, tanto en la vida del hogar como en la comunidad, se registra fielmente. Cristo debe dirigir cada plan que se trace y cada esfuerzo que se haga. En cada concilio los miembros debieran hablar y actuar como si el telón estuviera levantado, y se vieran a sí mismos deliberando en la presencia del universo celestial. Porque en realidad las cosas son así: Todo el cielo está observando a los obreros. Al trazar planes para una campaña agresiva, no permitan que el yo sobresalga; debe estar oculto, bien oculto en Cristo. . .
Todo lo que pueda ser sacudido, lo será y lo que no lo pueda ser, permanecerá.
El Señor pide la totalidad de nuestro afecto. Si los hombres no se entregan totalmente, fallarán en el día de la prueba. Cuando el enemigo despliegue sus fuerzas contra ellos, y la batalla arrecie, en el momento preciso cuando se necesiten toda la fuerza y la capacidad intelectual, y toda sabiduría y estrategia para rechazar al enemigo, los medio convertidos volverán sus armas contra sus propios compañeros de milicia y debilitarán las manos qué debieran ser fuertes para el combate. Dios está probando a todos los que tienen el conocimiento de la verdad a fin de ver si se puede confiar en ellos para librar las batallas del Señor cuando los ataquen acerbamente los principados, potestades y gobernadores de las tinieblas de este siglo, y las huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Nos esperan tiempos peligrosos, y nuestra única seguridad consiste en poseer cada día el poder regenerador de Dios y someternos completamente a él para hacer su voluntad y caminar en la luz de su rostro. (1 Ped. 2: 9.)
Ahora, cuando estamos llegando justamente a los límites de la tierra prometida, nadie debe volver a cometer el pecado de los espías infieles. . . Exageraron todas las dificultades y las convirtieron en obstáculos insuperables. . .
De ese modo transmitieron su incredulidad a toda la congregación (Manuscrito 6, del 5 de enero de 1892, "Obremos de acuerdo con Cristo").

Cultivemos el Suelo


Porque como la tierra produce su renuevo, y como el huerto hace brotar su semilla, así Jehová el Señor hará brotar justicia y alabanza delante de todas las naciones. Isa. 61: 11.
Los oráculos vivientes de Dios, un "Escrito está", son las hojas del árbol de la vida, del cual el ser humano ha de alimentarse para obtener la vida espiritual. Cuando comemos las palabras del Señor Jesucristo, nos dan vida eterna. "Las palabras que yo os he hablado -dijo él-, son espíritu y son vida" (Juan 6: 63). La corriente vital y restauradora de Cristo cura las heridas causadas por el pecado.
"¡Oh, qué amigo nos es Cristo!

El sintió nuestra aflicción

y nos manda que llevemos

todo a Dios en oración".
No importa qué conducta sigan los demás, nosotros, individualmente, tenemos que obrar nuestra propia salvación con temor y temblor. ¿Por qué? Porque es Dios quien obra en nosotros tanto el querer como el hacer según su buena voluntad. Sí, para glorificar su propio nombre, obra en los corazones y las mentes de los seres humanos, a quienes considera valiosos, si le permiten actuar.
Cuando el hombre cayó, Dios comenzó a desbaratar los planes de Satanás. Dios obra en los seres humanos. "Vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios" (1 Cor. 3: 9). En el principio el Señor ordenó a Adán que cultivara la tierra. Esta tarea resultó mucho más difícil debido a la transgresión de la ley de Dios. Al pecar, el hombre obró contra su propio bien presente y eterno. La tierra fue maldita porque debido a la desobediencia humana Satanás tuvo la oportunidad de sembrar en el corazón la semilla del mal. La tierra, que al principio producía sólo lo bueno, comenzó a producir cizaña, y su desarrollo produjo una lucha continua.
El cultivo de la tierra es una escuela en la cual el hombre puede aprender lecciones espirituales. Al cultivarla ve, como en un espejo, la obra de Dios en el alma humana. El cultivo divino produce perfección. Si al relacionarnos con Dios la obra progresa, el instrumento humano, por medio de Cristo, logrará cada día victorias y honores en medio de la lucha. Vencerá debido a la gracia, y se pondrá en terreno ventajoso (Carta 5, del 4 de enero de 1900, dirigida al Hno. Colcord).

El Cielo Esta Muy Cerca


Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos. Mat. 18: 20.
Trabajen, velen y oren por las almas como quienes tienen que dar cuenta. Este año prueben el remedio que el Señor prescribe para contrarrestar el mal. Haga cada cual lo que el Señor le pide, mirando a Jesús, que es el dueño de toda alma. . .
Congréguense pequeños grupos en la tarde o en la mañana temprano para estudiar la Biblia. Celebren una reunión de oración para que el Espíritu Santo los pueda fortalecer, iluminar y santificar. . . 
Si lo hacen serán grandemente bendecidos por Aquel que dedicó totalmente su vida al servicio, y que nos redimió por medio de ella. Deben recibir el poder del Espíritu Santo; en caso contrario, no podrán vencer. ¡Qué testimonio deberían dar de la cordial relación que mantienen con sus compañeros de labor en esos preciosos momentos cuando buscan la bendición de Dios! Cada cual cuente con palabras sencillas lo que le ha ocurrido...
La obra de cada creyente debe ser agresiva. Es una lucha diaria. Cristo nos dice. . .: "Vosotros sois mis testigos" (Isa. 43: 10). Piensen en esto, hablen acerca de ello, háganlo. El cielo está muy cerca. Abran la puerta que conduce al cielo y cierren la que lleva a la tierra. . . ¿Escucharán ustedes la voz de Jesús y le abrirán la puerta del corazón? ¿Amarán al que dio su vida por ustedes?
Reúnanse pequeños grupos para estudiar las Escrituras. No perderán nada y ganarán mucho. Los ángeles del cielo asistirán a sus reuniones y al alimentarse con el pan de vida recibirán fortaleza espiritual. Se estarán alimentando, por así decirlo, con las hojas del árbol de la vida. Sólo así mantendrán su integridad. La lealtad a Jesucristo les asegurará la más preciosa recompensa. Procure cada alma la vida eterna, aceptando a Cristo en palabra y en espíritu. Ha empeñado su palabra de que nos reconocerá alegre, cordial y gozosamente ante su Padre que está en los cielos: ¿No vale acaso la pena luchar por esto? Vean qué pueden hacer personalmente para ser fieles a los principios, para mantenerse incontaminados en todo aspecto de la vida, y entonces contemplarán su gloria (Carta 2, del 3 de enero de 1900, dirigida a la Hna. y el Hno. Sisley). 

Unánimes 2 de Enero


El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo. 1 Juan 2: 6.
Muchos están en el territorio encantado del enemigo. Cosas superfluas como fiestas fatuas, cantos, bromas y chistes ocupan sus mentes, de modo que sirven a Dios con corazón dividido. Cuando hacen estas cosas un ser invisible se encuentra entre ustedes. Satanás está presente con regocijo infernal. No se presta atención a esta declaración de Cristo: "Ninguno puede servir a dos señores" (Mat. 6: 24).
Después de la ascensión de Cristo, el Espíritu Santo no descendió inmediatamente. Pasaron diez días antes que el Espíritu Santo fuera derramado. Los discípulos dedicaron ese tiempo a prepararse con mucho fervor a fin de recibir tan precioso don. Los ricos tesoros del cielo fueron derramados sobre ellos después de escudriñar diligentemente sus corazones y sacrificar todo ídolo. Estaban ante Dios para humillar sus almas, fortalecer su fe y confesar sus pecados. Sus corazones latían al unísono. "Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados" (Hech. 2: 1, 2). La iglesia necesita una experiencia similar aquí mismo, en el gran corazón de la obra.* ¿Estamos examinando nuestros corazones y preparándonos para recibir la gracia celestial? El Señor está esperando para poder derramarla.
Dios se revelará a su pueblo, pero todos debemos estar empeñados en la obra de buscarlo. . . La tarea que se debe llevar a cabo en este tiempo es de lo más importante. Esta es una cuestión de vida o muerte. . .
¿Se le permitirá al enemigo, precisamente en este tiempo solemne, que cree tal ambiente de diversión y placer, que absorba las mentes y las llene de cosas vanas y pensamientos frívolos que no tienen nada que ver con Dios, ni con la eternidad ni con el cielo? (Diario, 1890, del 2 de enero de 1890, Manuscrito 38).

Promesa de Paz 1 de Enero


Tu guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado. Confiad en Jehová perpetuamente, porque en Jehová el Señor está la fortaleza de los siglos. Isa. 26: 3, 4.
Le deseo un feliz año nuevo. Dejemos de lado para siempre toda desconfianza con respecto a Jesús. Comencemos una vida de confianza sencilla, semejante a la de un niño, que no se base en los sentimientos sino en la fe.
No deshonre al Señor dudando de sus preciosas promesas. Quiere que creamos en él con fe resuelta. Hay quienes dicen: "¡Creo, creo!" y desean recibir todas las promesas que se otorgan sobre la base de la obediencia. Mientras reclaman el cumplimiento de todas las promesas de Dios, no hacen las obras de Cristo. No se honra a Dios con esa fe, pues es falsa. Hay quienes tratan de guardar todos los mandamientos de Dios, pero muchos de ellos no están a la altura de sus privilegios, y no le piden nada al Señor. Las promesas de Dios son para los que guardan sus mandamientos y hacen las cosas que le agradan. . .
Tengo que librar cada día la buena batalla de la fe. Tengo que ejercer al máximo el poder de la fe y no confiar en los sentimientos, y obrar como si el Señor ya me hubiera escuchado, contestado y bendecido. La fe no es un revuelo de los sentimientos. Es simplemente aceptar las palabras de Dios y creer, porque él dijo que lo hará. . .
Espero que no se desanime por ningún motivo. . .
Dios quiere que sea libre, que crea, que tenga confianza y que deje de dudar. Quiera Dios ayudarla. . . Un nuevo año se abre ante nosotros. Sea éste un año feliz. . . Refúgiese en los brazos de Jesús y no se esfuerce por desprenderse de ellos. Crea en Dios, alábelo y siga adelante. Ya así hemos llegado a casa.
El Señor viene. Levante la vista y regocíjese, porque su redención está cerca. Veo en Jesús a un Redentor compasivo y amante, que puede salvar hasta lo sumo a los que acuden a él. Deposite todo el peso de su ser en las promesas de Dios. Crea; tiene el privilegio de creer (Carta 31, del 1º de enero de 1887, dirigida a Martha Bourdeau, esposa de uno de los primeros pastores enviados a Europa).

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Cada Día con Dios

Introducción



Se ha seguido la práctica de publicar cada tres años un libro de devociones matinales con escritos de la Sra. Elena G. de White. El libro preparado para este año tiene una característica especial: la lectura correspondiente a cada día se ha tomado de un material que la Sra. White escribió durante su ministerio en ese mismo día del mes (aunque no se toma en cuenta el orden cronológico de sus escritos). En el apéndice de este libro se han incluido datos cronológicos que ayudarán al lector a establecer una correlación entre las lecturas devocionales y los acontecimientos de la vida de la mensajera del Señor y de la historia temprana de la iglesia.