Finalmente,
sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente,
misericordiosos, amigables. 1 Ped. 3: 8.
Cuánta
necesidad hay de cultivar la ternura y la gentileza. Nadie debería avergonzarse
por manifestar un espíritu tierno y compasivo con los que yerran; porque los
que piensan que no cometen errores están muy lejos de no tener falta alguna
delante de Dios. Nadie piense que al manifestar compasión está haciendo algo de
lo cual se debería avergonzar. . .
Cuando
sobreviene una crisis en la vida de un alma, y alguien intenta aconsejarla, ese
consejo sólo tendrá el peso de la influencia para bien que pueda ejercer el
ejemplo del consejero. Es la vida consecuente, la revelación de un interés
sincero y cristiano por las almas en peligro, lo que le dará eficacia al
consejo para persuadir y lograr que dicha alma retorne a la senda segura. Los
que se apresuran a censurar a los demás, los que pronuncian palabras que cortan
y maltratan al alma herida, están haciendo la obra de Satanás y cooperan con el
príncipe de las tinieblas. . .
Recuerden
las almas tentadas y probadas que cuando cae sobre ellas el castigo, se debe a
que el Señor los quiere salvar de la muerte. Recuerden las almas que son
reprendidas que "yo reprendo y castigo a todos los que amo" (Apoc. 3:
19).
El
instrumento humano, imbuido del Espíritu de Cristo, velará por las almas como
quien tiene que dar cuenta. Estamos a las órdenes de Cristo y debemos
comprender cuál es nuestro deber y cumplirlo en el temor a Dios, con la mira
puesta en su gloria, y no ser infieles. No alberguemos pensamientos egoístas ni
sentimientos que silencien nuestros labios. Hablen sin temor. Con el corazón
lleno de ternura y amor por las almas, adviertan, exhorten y supliquen.
No dejen de trabajar por las almas mientras haya un rayo de esperanza.
Hay palabras que pueden herir el corazón. ¡Oh! Sean cuidadosos entonces, y
revístanse del amor y la ternura de Jesús. El amor y la simpatía deben suavizar
el tono de la voz. . . Así como tratan a los demás, así como juzgan a otros,
así los tratará y juzgará el Señor. Quien pretenda ser hijo de Dios debe poner
en práctica las lecciones de Cristo. Si cree que tiene que herir, siéntase
obligado a curar también. Siempre hay que comunicar la verdad con amor, con el
Espíritu de Cristo en el alma (Carta 70, del 13 de enero de 1894, para los
"queridos hermanos dirigentes de la Review and Herald").

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